viernes, 20 de enero de 2012

CRITICA / Los Descendientes: renace el milagro del cine independiente americano

Fuente: FC

Anoche tuvimos la oportunidad de asistir al preestreno de la película Los Descendientes, dirigida por Alexander Payne, responsable de otros títulos como A propósito de Schmidt o la estupenda Entre Copas, y aquí os traemos la correspondiente crítica.

La película comienza con un primer plano de sólo unos segundos de Elizabeth (Patricia Hastie), paseándose en lancha motora por un mar azul y cristalino, con el cabello ondeando al aire, rodeada del inmejorable entorno hawaiano. Hasta aquí, todo perfecto. A los pocos segundos, la voz en off de George Clooney  (Matt en el film, esposo de Elizabeth) ya nos advierte de lo que se nos avecina: "la gente cree que en Hawai [...] el cáncer es menos mortal o el sufrimiento menos doloroso". Hachazo.

Ésta es una película que trasciende lo que a simple vista parece un cliché recurrente en Hollywood (padre tan ocupado en sus negocios que se olvida de que tiene una familia hasta que una tragedia le acerca de nuevo a ella) para sumergirse primero de puntillas pero después a tumba abierta en el dolor de Matt, este clásico instantáneo héroe hawaiano, encarnado por un Clooney en estado de gracia que despliega ante nuestros ojos todos sus registros para desgranar un personaje confuso, herido, contradictorio, pero profundamente humano al fin y al cabo.

Éste podría perfectamente ser el Clooney que vimos en Up in the air, intentando poner orden en su vida unos diez años más tarde de esa original  peripecia (es notable el cambio físico del actor entre las dos películas con menos de tres años de diferencia: misterios de una buena caracterización o de una menor dosis de maquillaje, que cada uno se quede con lo que más le guste, que no es cuestión de levantar susceptibilidades). Lo que en aquella exitosa cinta era contención en la interpretación de su personaje, en ésta se convierte en expresividad a raudales, lo que allí era silencio aquí es palabra o incluso grito, lo que era frustración es rabia desenfrenada, pero sin entrar en la fácilmente irritante parcela de la exageración o el histrionismo, lo cual designa un brillante trabajo no sólo de interpretación, sino también de dirección.

La interpretación de Shailene Woodley (en el papel de Alexandra, la rebotada hija adolescente de Matt) estaremos seguros de que dará que hablar y mucho y si en los globos de oro ya estuvo nominada a mejor actriz de reparto, en los Oscar podría incluso dar la campanada. Entrañable también el trabajo de Amara Miller (la hija pequeña de Matt, Scottie), que nos provoca varias sonrisas con su frescura y sus salidas de tono a lo largo de las casi dos horas de película.

No nos sobra ni una palabra, ni una mirada, ni un gesto, ni un ademán, todo en esta película es redondo desde el punto de vista de la interpretación y el ritmo narrativo. ¡Hasta Patricia Hastie nos gusta en su limitado papel y, lejos de despertarnos sentimientos encontrados, el espectador no puede sentir otra cosa que no sea ternura y compasión por su personaje!

La trama te da una de cal y otra de arena, te arranca una carcajada mientras te está hurgando en las entrañas, como sólo saben hacer algunos reputados del séptimo arte de la talla de Allen o Almodóvar. Y deja poso, quedáis advertidos. Porque esto es cine independiente, pero así, en mayúsculas, hecho en América, y a la altura de obras maestras como Little Miss Sunshine, Transamerica o Juno.


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